Entrevista a Mario Conde

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Entrevista a Mario Conde

Mensaje  poeta-somaticus el Mar Ago 26, 2008 7:22 am

domingo, junio 18, 2006

Entrevista a Mario Conde


Por su interés social, reproduzco esta entrevista con don Mario Conde que Manuel Álvarez firma hoy en El Comercio. El temor a su entrada en la política motivó la intervención ilegal contra Banesto. Indiscutiblemente una de las mentes más brillantes de España, el señor Conde es una figura de culto y otra víctima de los horrores de esa perversa ideología llamada socialismo.

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No es habitual que un abogado del Estado acabe con sus huesos en la cárcel. Tampoco que el penado hubiese realizado los estudios de Derecho con matrícula de honor y tenga el mérito de haber conseguido la nota más alta de la historia en el acceso al elitista cuerpo de abogados del Estado. Y que, además de todo eso, el sujeto dedique una parte del tiempo de su paso por prisión a elaborar uno de los primeros libros que se publican en España sobre Derecho Penitenciario, tomando como hilo conductor su propia experiencia en Alcalá-Meco, pone las cosas un poco complicadas.

Mario Conde, ex presidente de Banesto, condenado por el Tribunal Supremo a una pena de 20 años por delitos de estafa, apropiación indebida y falsedad durante la etapa en la gestionó el banco (1987-1993), acaba de hacer de la necesidad virtud. Pronto se dio cuenta de que el Derecho Penitenciario -esa maraña de grados, permisos, reducciones de condena, libertades condicionales, etcétera- era el gran desconocido, incluso, entre los mejores abogados penalistas. Por ello, como en los viejos tiempos de juventud, decidió convertirse en el mayor experto en la materia. El producto de su trabajo es un libro que acaba de ver la luz en una editorial especializada en temas jurídicos (Comares); una obra que ha concebido al mismo tiempo como un manual, un documento crítico para la reflexión sobre la materia y, por encima de todo ello, un relato 'técnico' de su vida como preso. 310 páginas que, según asegura, le han hecho volver mentalmente a la Universidad de Deusto, en la que estudió.


-Dice usted en su libro que cuando entró en la cárcel se dio cuenta de lo difícil que era encontrar un abogado que manejase con soltura el Derecho Penitenciario.

-Es que ellos mismos reconocen que no tienen ni idea. En la carrera no recuerdo que estudiásemos el tema. Cuando preparé las oposiciones a abogado del Estado, tampoco. El Derecho Penitenciario da alergia, hasta miedo.

-Además de volver refugiarse en sus orígenes profesionales, ¿qué le ha movido a escribir sobre algo tan poco atractivo como el mundo jurídico que rodea las cárceles?

-Me pareció que tenía una especie de deber moral y que podía contribuir a hacer algo útil para muchos abogados y fiscales que no conocen la materia. Es un mundo extraordinariamente complejo. Sin ir más lejos, un tribunal puede condenarte a 35 años de cárcel y una autoridad administrativa puede sacarte a los cuatro meses. Y, sin lugar a dudas, para un preso sólo hay una obsesión: recuperar la libertad.

-Pero a un preso no le debe resultar fácil recordar su paso por la cárcel. Y menos aún hablar en público o escribir sobre ello.

-Eso es cierto, pero mi caso es lo suficientemente público como para que importe poco recordarlo. Mis entradas en la cárcel casi fueron retransmitidas en directo.

-Durante su paso por Alcalá-Meco se dedicó a redactar los escritos de muchos compañeros de prisión en los que solicitaban el acceso a un grado mejor, permisos, etcétera.

-Sí. Lo hice para los que me lo pidieron y debo reconocer que con bastante éxito. Sólo perdía de forma sistemática las peticiones que me afectaban personalmente a mí.

-Según la experiencia personal que relata, ha llegado a la convicción de que detrás de la denegación de muchos beneficios penitenciarios que usted solicitó había una decisión con carga política, no jurídica.

-Sin duda. Nadie se debe escandalizar, porque hasta el fiscal general del Estado acaba de reconocer que hay que atender a la realidad social del momento para interpretar las leyes. En muchas decisiones judiciales se ve que se han analizado las consecuencias políticas y también las mediáticas.

-En las decisiones que ha adoptado la Administración sobre su situación penitenciaria, ¿se ha portado mejor el PP o el PSOE?

-Yo creo que son mecanismos que funcionan al margen de los partidos, pero lo cierto es que muchas personas consideran que el Partido Popular mantuvo una actitud especialmente dura conmigo. Incluso la identifican con Aznar y las personas más vinculadas a él.

-En su historia ha jugado un papel determinante la famosa alarma social.

-Es un concepto que tiene un origen fascista. Sin ir más lejos, es un motivo que se usó para justificar la persecución de los judíos. Y se usa a pesar de que no está en la ley. Y si no está en la ley no se puede usar para justificar, por ejemplo, una prisión preventiva.

-¿Recuerda el momento en el que interiorizó que iba a estar entre rejas?

-Sí, perfectamente. En octubre de 1994, cuando estaba a punto de cumplirse un año desde la intervención de Banesto, reuní en casa a toda la familia, a mis padres, mi mujer, mis hijos... para decirles que tenía la convicción de que me iban a encarcelar. Uno es realmente maduro cuando comienza a llevarse bien con lo inevitable y alcanza la plenitud cuando consigue convivir con lo insoportable. Y yo me llevo fenomenal.

-Por alguna razón, los funcionarios de prisiones tienen mala imagen...

-Eso es un mito que se lo debemos a las películas americanas, pero que no coincide con la realidad. Y eso que es un mundo extraordinariamente especial. El patio de la cárcel es en este momento una balsa de aceite y en cuestión de minutos es el centro de un terremoto. Pero mi experiencia con los funcionarios ha sido realmente buena. Conservo, incluso, magníficas relaciones con algunos y jamás he vivido situaciones de abuso o de tortura.

-Le pido disculpas por anticipado, pero resulta obligado preguntarle si en alguna ocasión usted ha sido objeto de alguna agresión sexual allí dentro. Ya sabe... otro de los mitos de la cárcel.

-No, jamás lo he sufrido. Y tampoco he conocido a ningún preso que me haya contado que le haya ocurrido algo de este tipo. Efectivamente, es otro mito.

-Los teóricos aseguran que la cárcel tiene como objetivo hacer sufrir al reo para que en ese sufrimiento comprenda el daño que ha hecho y se rehabilite. ¿Coincide usted con esa tesis?

-Imposible. La cárcel no rehabilita a nadie. Nadie cree ya en eso. Al contrario, la cárcel es un aula de pedagogía sobre delincuencia. Yo he visto a muchos presos que habían entrado en situación de preventivos por algún pequeño delito y que al salir le daban las gracias los funcionarios. «Gracias -les decían- porque en nuestra estancia aquí hemos conseguido aprender cómo se hacen las cosas a gran escala».

-¿Mantiene fresco en la memoria su primer permiso, la primera vez que dejó atrás los muros de Alcalá-Meco cuando ya cumplía condena? ¿Qué hizo?

-Lo recuerdo perfectamente. Me fui a La Salceda y todo fueron sensaciones muy intensas. El amanecer en el campo, los olores... Cuando estás ahí dentro, idealizas todo lo que está fuera.

-¿Reconoce haber sufrido?

-No. Me preparé mentalmente para no sufrir. Además, he aprovechado el tiempo y estos últimos años me han servido para leer mucho; incluso, para recuperar viejas aficiones, como el Derecho. He cumplido estrictamente con las condiciones penitenciarias sin un solo ruido. Punto.

-Si me permite sobrevolar el fondo de la cuestión, y asumiendo que fue considerado culpable por el Supremo y condenado por ello, ¿qué cree que deberían haber hecho con usted en vez de enviarle a la cárcel?

-Se me ocurren muchas cosas. Por ejemplo, que me hubiesen obligado a realizar un trabajo de recopilación de doctrina jurídica o a escribir este mismo libro que acabo de hacer ahora sobre Derecho Penitenciario y que fuese propiedad del Estado. Pero, claro, para todos tenía más sentido que yo me dedicase a apilar mantas en el departamento de ingresos del Alcalá-Meco desde las siete y cuarto de la mañana a las nueve y media de la noche. Una gran aportación a la sociedad la mía: ¿todo el día apilando mantas...!

-¿Se ha arrepentido de algo?

-¿De qué tengo que arrepentirme? ¿De haberle pagado 600 millones de pesetas a (el intermediario Antonio) Navalón? No, porque fue bueno para el banco. ¿De haberle pagado 300 millones de pesetas a Adolfo Suárez? Tampoco, porque lo hice en interés de Banesto.

-Usted cuenta que comenzaron a negarle beneficios penitenciarios, permisos o progresiones de grado porque no pagaba el dinero que los tribunales le impusieron como indemnización a Banesto.

-Sí, efectivamente. El argumento es que como no atendía a mi responsabilidad civil, lo consideraban como una prueba de mi no arrepentimiento. Critico mucho en el libro que se mezclen las cuestiones penales con la responsabilidad civil, porque en España la pena de cárcel por deudas no está prevista en la Constitución. Sin embargo, hay situaciones como ésta en las que se aplica.

-Pero también admite que comenzó a pagar no porque estuviera de acuerdo con ello, sino para conseguir cotas de libertad.

-Claro... Una hija se te casa, tu mujer se cansa... Sólo hay una letra de diferencia, ¿verdad? Y, aunque no estés de acuerdo, pagas. Y ya le he dicho que el preso en lo único que piensa, por encima de todo, es en recuperar su libertad. Y es que la libertad sienta cojonudamente...

Todos los días, a las cinco de la mañana, Mario Conde se levanta en su celda del Centro de Inserción Social Victoria Kent, que comparte con otros dos reclusos. Una tabla de gimnasia, ducha, desayuno... y, a las siete y media, rumbo a la libertad a tiempo parcial que ofrece el tercer grado penitenciario. A las diez de la noche estará de vuelta. Ese estado, al que accedió el pasado verano, le obliga a dormir en este centro. La única excepción son los fines de semana y los 48 días al año en los que puede disfrutar de un permiso.

Ha perdido muchos kilos - «dice mi mujer que estoy esquelético», reconoce-; y los años, y probablemente la tensión acumulada en su cuerpo, han dejado una huella contundente. Las entradas de la frente han ganado espacio vital a la gomina, y las arrugas de la cara son la prueba palpable de ese dicho que él mismo recuerda: «La cárcel te pone mal color».

Pero otras muchas cosas no han cambiado. Refugiado en un chalé en las afueras de Madrid que ha habilitado como despacho, sigue fiel a la hiperactividad que le caracterizó en su 'vida anterior'. Su cabeza no ha cambiado. Sigue intacta la agilidad mental que le hizo merecedor de la mejor nota jamás cosechada en las oposiciones a la Abogacía del Estado en España. Su capacidad de magnífico conversador, también. Pero ya no quiere comerse el mundo. Está de vuelta. Sobre la mesa del despacho, el título de un libro, que se nota que es objeto de lectura en los últimos días, resulta muy ilustrativo: 'Curso de meditación'.

«Ya no quiero conocer más gente -dice en torno sarcástico y con un rictus de cansancio- porque a estas alturas de mi vida estoy, más bien, para que me 'despresenten': 'Mira, éste es fulano de tal. ¿Hala!, ya no le conoces'».

Prefiere mantener bajo el máximo secreto cuáles son sus actividades profesionales o empresariales, que tenerlas las tiene, a sabiendas de que todo lo que toca se convierte en polémica y quizá también en objeto de derribo. Siempre ha sido de esos personajes magnéticos que levantan grandes adhesiones en su entorno, pero también grandes oleadas de animadversión. Todo a partes iguales.

Y, como en el pasado, conserva la capacidad para mandar mensajes cifrados al otro lado de las líneas enemigas. Estira el brazo y de su biblioteca personal extrae un grueso volumen -a ojo puede tener algo más de 1.000 folios- perfectamente encuadernado en un trabajo artesanal. Lo abre distraídamente por la mitad y, sin apartar la mirada de su páginas mecanografiadas, asegura: «Este es el libro de mi vida, de lo que pasó. Aquí lo he escrito todo. Algunas cosas están contadas; otras muchas, no. A diferencia del trabajo sobre Derecho Penitenciario, éste creo que no lo publicaré nunca... ¿O sííííí...? Ya veremos».

Publicado por octopusmagnificens en 19:27

Etiquetas: Política y Sociedad

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